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El mar

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Enero 2010 Fin de semana en Miramar con Vir, Andrea, Angeles, Cata, Majo y sus familias. Fotos de Andrea.

Voces libres

-Te quiero.                                                                                (Y yo te odio.) _ Te amo.                                                                              Amame pues. - Vení.  ...

Toledo

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Latido

Los hombres desean vivir, pero desean aún más morir y procrean hijos para que nazcan otros destinos de muerte Heráclito El día que decidí morir estaba viva. Brillaba con fuerza e intensidad, tanta que dejaba ciegos mis ojos, los propios, los que siempre me observan. Ardía con desesperación y furia. Iré a Dios, me dije y entonces comenzaron las contracciones cada vez más fuertes y el terror, el temor inmenso que paraliza todo. El día que morí estaba en su seno. Yo dormía y su llanto me despertó. Jugaba y su voz me sobresaltó. Ella no sabía que me vería al final del túnel indefensa, desnuda, larga, pura mirada sobresaltada. Ella pensaba en él, en su nombre, en la prole. Tomé impulso con la última contracción para dar el aliento final que me llevara de la oscuridad a la luz porque brillaba si, pero era noche allí adentro. La casa estaba vacía y en penumbras. Debía desprenderme de ella, ser yo al fin aunque nosotras nos amábamos tanto la una a la otra. Yo que era ella, me lancé a la muerte...

Venice

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Hasta el fin

Félix vivía en una casa rodeado de libros. Con él, Antonia. Ella cocinaba, limpiaba y ordenaba todos los días para Félix que pasaba sus días sumergido en el trabajo y en el libro de turno porque le gustaba mucho leer. Esa tarde de junio, Antonia estaba encaramada en la biblioteca pasando el plumero a los estantes y una franela a cada libro. Libro por libro. Lo hacía con cuidado y devoción. Cuando estiró la mano para tomar un volumen que estaba en el estante más alto tropezó y cayó al piso. Cayó boca abajo estrepitosamente. Félix la vio, la tomó en sus manos, le acarició el lomo con la yema de los dedos y pasó su nariz a centímetros de ella mientras la olía con fruición. La sorpresa los desconcertó a ambos porque ni bien reparó en las palabras… Toda vida es un pozo de soledad que va ahondándose con los años … la dejó deslizarse nuevamente hacia el piso. Ella cayó de espaldas cerrándose de un golpe seco. Esta vez permaneció cerrada en sí misma mientras las letras y las palabras se mezcla...

Pensando

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