miércoles, 12 de noviembre de 2008

Grito

Grito
cuando
no encuentre un cristo que me salve
ni exista un sexo que me parta.................esperma inútil en mi pubis
................ que no sangra
cuando
no halle mandrágora divina
ni aspire blancos humos
.................. inservible cuchara
.................. que no quema
cuando
no use la palabra pública
ni escuche más a nadie
................. olvidado dialecto
.................que no habla
cuando
esté acabada e inerte
fondeada y estéril
........ ...... muda lágrima
.................que no cae
entonces
me gritaré tan fuerte
escandalosamente
hasta el hartazgo
hasta la muerte
para nacer otra
nuevamente
escrito por:
Adriana Ríos

La cinta de Moebius


Todos los días de mi vida este año, de lunes a viernes sin excepción han estado ligados al subte de la línea D. No conocía antes de ahora ese maravilloso mundo interior urbano que transcurre a máxima velocidad y que siempre brinda otra oportunidad. Alma invisible y motriz de la ciudad, cinco minutos después de perderlo habrá otro a diferencia del impiadoso tren que una vez perdido, "se te fue el tren mi amor". Se deslizará no importa lo que pase, estación tras estación conduciéndome al trabajo y mis obligaciones todos los días. Lo tomo en estación "Tribunales" y me lleva hasta la terminal "Congreso de Tucumán" donde combino con un sesenta cualquiera de los que vayan por panamericana. En total una hora de viaje hasta mi trabajo y esa sensación inigualable que me acompaña al salir de Tribunales tan diferente de aquella que sube tras mis espaldas cargada en mi mochila cuando lo tomo en Congreso. A la ida la angustia y la ansiedad de una nueva jornada, los problemas por resolver, lo que vendrá. A la vuelta, encontrarlo siempre vacío y la satisfacción del deber cumplido después de tanto afán. La vuelta me asegura que volveré sentada. La ida me pronostica que con suerte podré obtener a mitad del recorrido un lugar para sentarme. Habitantes ineludibles de los subtes son los vendedores ambulantes, ciegos, enfermos y lisiados de todo tipo. Ese inevitable remontarse al Adan de Marechal que con sus suelas de goma intentaba eludir la voz de su conciencia y los agudizados oidos del ciego Polifemo. Pero nunca lo lograba. Acá son ciegos, hombres sin brazos, niñas quemadas que también perdieron algúna parte del cuerpo, hombres con sida y un hijo en brazos, y la voz de la conciencia que roe despiadademente en la corteza cerebral. Esa otra realidad pegándote una cachetada todos los días para que no olvides nunca que tenés suerte, mucha suerte. O no. ¿Como se mide la felicidad después de todo?Los vendedores me han proveído de lapiceras Parker con repuestos que duran dos sílabas, stickers para usar en los cuadernos de los chicos, un anotador anillado pequeño donde escribo angustiosamente esos días donde la vida me alcanza aunque no sea precisamente como un rayo de sol entre las nubes, imágenes de la virgen desatanudos, set de alfileres de gancho, agujas y tijeras y algunas cosas más que olvido mencionar.El subte y mi teléfono celular se encuentran indisolublemente unidos. El celular viene a ser como una extraña prolongación del messenger, terrible adicción de mis horas de ocio. La manera de seguir en contacto aunque esté fuera de casa, el cordón umbilical que no termino de cortar. Y los mensajes se inician cuando subo al subte de ida en Tribunales. Mensajes banales. Un: hola, como te va? y quedar a la espera de la respuesta de Flor para poder transmitir algún sentimiento que necesita salir afuera en ese instante. Los mensajes serán dos o tres. Y si la locura persiste, porque a veces la locura insiste, podré consultar el horóscopo o las noticias de último momento o las del día que serán iguales al titular del Clarín que están en el kiosko a la salida de la boca en Congreso. En días de desesperación llamaré a Laura y tal vez la encuentre. Dos palabras sensatas y ella llamará ansiedad a la locura. Y el día sigue y termina hasta que empieza otro. Pero por suerte, el subte, a diferencia de "te perdiste el tren mi amor" estará allí, abriendo sus puertas fiel y preciso a las doce o a las doce y cinco. Todos los días. De lunes a viernes. Para acortar mi distancia con la realidad necesaria.

Anne Murphy Littlestone, 2006.

Limmericks

1.
Hungrily I ate
His big
Full moon grown eyes
Wide shut.

*****
2.
One day
I glanced unaware
To find him
Peeping distractingly
At my third left eyelash.

******
3
-Little arrow- he said
My dearest and weakest
Achilles´ heel,
-You´ ll be-
So I picked it up entangled
In a thorny rose
-My finger bled profusely-
And I promised to use it carefully.

And my Achilles’ heel -smiled relevantly.

******
4.
Clumsy
Flimsy
Gypsy soul
I wander here and there
Nonstop
Such a tough year
Such blank a time
Such a nothing
-Needy nothing-
-to bind ourselves
Kings in a nutshell

Run the lines

Misquote
I shame myself.


5. SHADOWED:

I used to walk in the shadows
And to be good and shy
I used to walk in the dark
And be silent and grave
But somewhat a name
Came by and took it all out of me
And they decided to bewitch me too
So Vanity fairs started parading
One after the other for me
And I took part of them all
A star, a first class star
So happy was I,
I didn’t know
Crush was coming by
But crush it came

And well deserved
So down I came
And down collided
Splintering into hundred
Little stars
Twinkle twinkle little stars
How I wonder what it was
Down and down and down on earth
Twinkle little fucking bloody shady stars
How I wonder what it was.

(“The dangling threes” de “Missing Link”)

Anne Murphy Littlestone, 2004.