martes, 22 de marzo de 2011

El dragón azul y el dinosaurio que fuma

Hablan de demonios azules. Los dragones de la nostalgia. Los que hay que exorcizar cada luna llena para purificar el corazón y barrer todas las lágrimas que puedan inundar el cuerpo y los pulmones. Yo tengo uno. Cuando estudiaba escribí una vez una poesía a la luna: -Hechizadme…-le pedía con la solemnidad propia de un bardo de la corte de la reina Isabel Primera de Inglaterra.

La profesora me dijo con displicencia: -Bien. Hay que exorcizar los demonios azules cada tanto-. A mi me parecía que mi poesía era maravillosa.

Decía así y la había escrito para “Literatura Infantil” una materia que formaba parte del plan de materias extracurriculares del profesorado en Inglés con Orientación a la enseñanza primaria.

Bewitch me moon
´Cause I´m tired
of being a rational fool

If you bewitch this selfless self
I´ll serve in your lunatic troop
If you cast thy spell on me
I´ll desert the healthy host forever

Bewitch me moon
Don´t steal away so soon
Here comes thy golden groom
Your nightly veil to lift.


–Tené cuidado con lo que pedís-, dicen -porque se te puede cumplir- . Así que desde aquel día en que rogué; el embrujo cayó, y ando lunática sirviendo en la tropa de locos adoradores de la hermosa Selene que corta cabezas cuando está de mal humor o sonríe amable o redonda, redonda, redonda nos ofrece un plato de leche o un bello mar de tranquilidad. Ahora se les ha dado por vender tiempos compartidos en la luna, en la bella, bella, bella, luna, Selene.


Hablaba de los demonios azules, de Selene, pero quería hablar de los dinosaurios azules. Hay uno en particular. Es el que más problemas me trae. Su presencia suele asustarme, me encojo como un ratoncito, y aunque el quesito más tentador se encuentre a mi disposición para que devore entera su esencia amarilla y pasee por entre sus agujeros y laberintos debo huir Siiiii Siiiiiii Huiiiiiiiiiiii. Debo huir.


Ahí lo veo doblar la esquina. Es el dinosaurio azul.

Entonces pasa lo que escribo. (Me pasa, a veces con bastante frecuencia, sobre todo en primavera, porque él suele aparecerse con una margarita en el sombrero que adorna su cabeza)

Cada tanto no me siento bien. Como de costumbre pierdo dos o tres capas de piel.

No me siento bien hoy. Otra vez invadida por los de siempre.

Los dragones de los cuentos. Los dinosaurios de la prehistoria.

En este momento me tiene atascada contra el piso. Apoya una de sus cuatro patas sobre mi pecho. Es del paleozoico y pesa toneladas de toneladas. Como varias cuadras de esta ciudad todas juntas. Que se yo...

Cada tanto no me siento bien. Como hoy por ejemplo.

No me siento bien hoy. Para no perder el hábito me despegué del suelo. Y sin que lo chistara por detrás de la esquina apareció él. Y acomodó su pata sobre mi pecho afirmándome contra el suelo mientras fuma muy orondo su tercer habano Cubano.


2004

Originalmente publicado en El aleph






jueves, 10 de marzo de 2011

By pass

Corría julio del 2000. Acababa de bajar del avión de “American Airlines” que nos trajo a Luz y a mí de regreso de los Estados Unidos . Fue un vuelo veloz que atravesó rasante el colchón de nubes del ecuador y los pulmones de América latina. Venía con mis valijas y las bolsas del duty- free- shop rodando en un taxi por avenida Belgrano. Le había dado las indicaciones al chauffer:



- Avenida Belgrano al mil quinientos cuarenta y pico, pasando el departamento de Policía- Quise ir directo al trabajo sin dejar el equipaje por casa. No deseaba tomarme ni un respiro. Quería estar allí. Mi presencia era indispensable. No vaya a ser que los alumnos perdieran un valiosísimo día de clases.



Veintinueve de Julio de 2000. Estoy desesperado. Acorralado por los cuatro costados. Las deudas son impagables. Trabas y burocracias por todos lados. Miro la bala. Es una. Sé donde hará impacto. Tiene hora y destino fijados de antemano. Cargo el arma. Escribo la carta. Está dirigida a él. Mañana mi desaparición tal vez figure en los periódicos. No voy a estar para leer los titulares. Sé donde estaré. Hubiera querido que las cosas resultaran de otro modo. Dudo. Algo parecido a la bronca me quita el aire en el pecho. Una bruma espesa me enturbia la visión. Aprieto el puño sobre el gatillo. Apunto directo al blanco. Cierro los ojos. Cuando los abra la estaré mirando desde otra dimensión. La veré despertarse deprimida. Mirará pasmada las noticias. Suspenderá la fiesta del día del maestro. Será once de septiembre del 2001.



A la altura de Avenida Belgrano y Entre Ríos observé una serie de autos policiales y una ambulancia, detenidos frente al edificio de la fundación Argentina de Cirugía Cardiovascular. Cuando paso por el edificio pregunto al chauffer que era lo que había sucedido.

-Se mató Favaloro, se pegó un tiro en el corazón- me dijo.

–Pobre hombre- pienso mientras busco entre mis cosas el delantal azul de pespunte bordó , me acomodo el pelo y pago con un billete de cincuenta.



 Originalmente publicado en  El aleph

jueves, 3 de marzo de 2011

Una caja con forma de corazón

Voy a compartirles un pequeño secreto. Quiero que conozcan mi super hiper suave caja con forma de corazón. A los chicos les encanta mi caja. Bueno, si, a veces piensan: Acá viene ella de vuelta con su cómica y curiosa caja. Está llena de sorpresas. En su interior podés encontrar monedas doradas de chocolate de verdad que valen : 100 besos, títeres para los dedos para hacer pequeñas obras, pompas de jabón, un reloj de arena para jugar a que el tiempo vuela, velitas para soplar en los cumpleaños, dados para jugar juegos de mesa, pelotas anti estrés para apretujar, arrojar y agarrar, en fin, toda clase de cosas imaginables. También uno puede pedir un deseo y depositarlo en la caja. Podés estar seguro de que no le contaré a nadie. Ese será nuestro trato. Podés soñar y jugar y escribir poesía y dibujar poesía. Sé libre. Podés llorar de risa. Y reir llorando. Podés dejarte sorprender. Vamos. Pedí un deseo o dos. Pensá por ejemplo qué te gustaría aprender este año, qué nuevas cosas o qué mundos completamente nuevos te gustaría explorar y descubrir. Escribilo en un pedazo de papel, no es necesario que pongas tu nombre. Yo no sabré que se trata de vos. Ahora deslizalo con gentileza en la caja con forma de corazón. Y volemos juntos, flotemos ligeros como una pompa de jabón o una pluma al azar.


caja

                                                                    títeres de dedos

                                                                  monedas de chocolate

                                                                     pompa de jabón 

pelota y dados



                       ¿Cuántas palabras se te ocurren?