miércoles, 17 de diciembre de 2008

Insubstancial



María siente que desaparece cuando habla de su gata preferida. La gata que le regaló Luciano para el cumple. Ella quería un gato callejero, un señor gato pero Lu optó por una siamesa de treinta días. Cuando evoca a su gata en una conversación se desintegra se ausenta se vuelve invisible. Se transporta a un lugar – con nieve donde ella es un gato en un país de gatos, hay pinos y el sol brilla siempre como en un atardecer cálido, ella se alimenta de las ratas que caza en el bosque y juega con los demás gatos, todos salvajes, todos amigos-. En ese lugar está a salvo de todo y de todos. A veces tiene riñas de gatos. Son feroces y ruidosas pero sale ilesa y vuelve a su casa en el bosque en el árbol más añoso del bosque milenario.

Del mismo modo que se desmaterializa cuando nombra a su mascota, su amigo tiene el poder de traerla de vuelta a este planeta. Si ella se desvaneció tras una idea o alguna palabra, el la nombra con voz firme y segura. –María Sánchez Loria-, le dice acentuando las consonantes. Entonces el alma que vagaba por el bosque de gatos se junta con el cuerpo y regresa al mundo. Al planeta tierra donde está sola salvo por la compañía de su gata que no es gato. Luciano la llama por su nombre, le confiere la existencia que ella no posee, la confirma con su voz en la vida que no tiene. Cuando su amigo le cuenta que al fin conoció al hombre de su vida y que se va a vivir al polo norte, María comprende que sus días tal cual ella los concibe han llegado a su fin. Los días definidos por la voz de Luciano y por las ausencias de ella, sus desapariciones detrás de los ojos azules de su gata que te mira y te escruta si la ves.
Anne Murphy Littlestone, 2008

1 comentario:

Silvana dijo...

Es tu gata? La misma de que hablas en tu ultimo post?