jueves, 25 de marzo de 2010

Cena para tres

Cuando Lawrence Fishborne, Othello, terminó de estrangular a Irene Jacob, Desdémona, apagaron la tele y se sentaron a la mesa. Gregorio sirvió la comida y Bautista destapó la cerveza. Violeta había ido a acostar a Tomás. Al rato volvió y se sentó en silencio.

- Las pizzas están mejor que nunca Grego.


Bautista devoró su cuarta porción mientras miraba de reojo a su mujer que picoteaba con desgano su parte.


- Te gustan, Viole? Estás comiendo poco.


Bautista la miró fijo hasta que ella levantó la vista y le dijo:


- Está buenísima, che. Me quedé pensando en la peli. Qué romántica la historia de Othello, no? Este Shakespeare era genial.


Terminó de hablar y los miró esperando escuchar algún comentario que acompañara su apreciación.


- Bah, totalmente edulcorada y superficial. Una americanada más para las amas de casa aburridas, acotó Grego mientras se prendía un cigarrillo


- Pero…


- Las actuaciones poco convincentes, el guión muy mal adaptado. Arruinaron completamente la obra.


Y miraba complacido como el humo de su cigarrillo inundaba el ambiente. Bautista se le unió en el discurso antagónico.


- Si. Hay que tomarse el trabajo de leerla. Me convidás uno?


Ambos se sonrieron mientras aspiraban con deleite el tabaco. Violeta levantó los platos e hizo un último intento por dejar claro su punto.


- Bueno, a mi me pareció…


Bautista la interrumpió con impaciencia y cierto malhumor.


- ¿”Linda”? ¿”Divertida”? ¿”Romántica”?


- Jaja, Bauti sos un guacho.


A la mujer le salía un hilo de voz cuando agregó ya casi sin convicción.


- Pero el personaje de Iago. Está genial. Tantas veces se ven cosas así.


Los hombres sonreían socarronamente mientras decían casi a coro:


- A mi Brannagh me cansa. Repite siempre los mismos papeles.


- Si, totalmente, hay que darle espacio a nuevos valores.


- ¿A qué llamas vos “romántico”?


Violeta tomó aire y poniendo su voz más firme sentencio convencida hasta la medula:


- Bueno todo lo que tenga que ver con sentimientos, con el amor y la pasión…


- Bah! Con eso no decís nada. Traete otra cerveza.


Ella les sirvió otro vaso a cada uno y miró de reojo la hora. Doce y cuarto. Mañana Tomás madrugaría como todos los días. Se paró, levantó los platos y sirvió el postre que había cocinado la noche anterior.


- Esta riquísimo. Esta vez no se quemó. Van a colapsar los astros.


Gregorio la pellizcó como hacia siempre que buscaba su complicidad. Ella le sonrió y sin decir palabra se metió un bocado en la boca.


- ¿Café? ¿Negro sin azúcar para los dos?


- Gracias. Sentate no labures más.


ELlos se pusieron a comentar el último libro que estaban leyendo. Ella se despidió y se fue a dormir.


- ¿Che, que le pasa a Violeta? La noté rara.


Bautista se prendió otro cigarrillo y largó una carcajada.


- Bah, los rayes de siempre. Viste como son las minas. Me parece que está aburrida. Le dije que se busque una ocupación, que haga deporte, viste que está gordita, pero nada. Y yo me ligo todos los enojos. En fin… Y vos? ¿Que pasó con la rubia de la otra vez?


- Uf, mejor ni te cuento. Le patinaba mal. Controladora, celosa, dependiente, obsesiva, demandante… Me la cogí un par de veces y a otra cosa. ¿Vamos a la cancha mañana?





A Arturo, por leer con paciencia y corregir con delicadeza todos mis textos.

2 comentarios:

niki dijo...

Me gusta, tiene mucho humor. Los diálogos están bien escritos. Se lee con soltura. En la imaginación, al modo quijotesco, estrangularía a esos lerdos machistas.

Loli dijo...

jaja, y luego te la cocinas a violeta al vapor, salteada con unos dientitos de ajo, friendola a fuego lento con unas cebollitas, y una ramita de romero. todo esto rociado con vino blanco frappe.